El presidente Javier Milei decide avanzar con una “batalla cultural” cada vez más extrema, concentrada en atentar contra todo aquel que sea marcado desde el norte global. En Estados Unidos acaba de asumir un presidente que entre las primeras palabras que emite en funciones se ocupa de apuntar contra la comunidad LGBTIQ+, lo cual se traduce en Argentina en la euforia de un personaje que le tiene más aprecio a los empresarios estadounidenses que a su propio país.

Milei no solo está interesado en desarmar los avances sociales que hemos logrado como sociedad en los últimos 15 años, sino que además está obsesionado con demostrarle a Norteamérica que vamos a seguir los pasos de Donald Trump.

Milei, en Davos, no mencionó al país pero apuntó contra una comunidad históricamente perseguida. En la comunidad LGBTIQ+ no hay una sola generación que haya podido disfrutar de los derechos adquiridos sin bajar la guardia. Llevamos en nuestras espaldas sobrevivientes de la crisis del sida, de las razias policiales y de las ensañadas torturas de la dictadura, y eso nos forjó en el cuerpo el oficio de la lucha y la resistencia, y así fue que pudimos construir una Argentina dispuesta a reconocernos derechos fundamentales como lo fue el Matrimonio Igualitario (2010), la Ley de Identidad de Género (2012), la figura del femicidio en el Código Penal (2012), el DNI no binario (2021), el cupo laboral travesti-trans (2021) y Ley de Paridad de Género en Ámbitos de Representación Política (2017)

Argentina supo ser un país líder en materia de Derechos Humanos y hoy, ante la avanzada feroz de la extrema derecha en el país y en el mundo, esto se pone cada vez más en duda. Mientras que el gobierno se esfuerza por perseguir simbólica y programáticamente a cada una de las personas con las que no comulga, la comunidad LGBTIQ+ se congregó este sábado pasado en el Parque Lezama en una Asamblea Antifascista con el objetivo de establecer un plan de acción, pero también apostando a la construcción de un refugio y de una resistencia, reivindicando el principio fundamental del movimiento nacional y popular de que el poder se gesta en el accionar concertado de quienes estamos dispuestos a reconstruir el país que fuimos. Miles de personas nos juntamos para evitar el descenso a la inmovilidad y a la ceguera, para encargarnos de llevar la memoria hacia delante y para siempre.

En la asamblea se alzaron voces de distintos sectores políticos, entre ellas, la de Manuela Castañeira; la de la diputada nacional de Unión por la Patria y presidenta de la comisión de mujeres y diversidad, Mónica Macha; y la de la profesora y activista Quimey Ramos.

Otra de las interventoras, La Kalo, quien se presentó como independiente y drag queen, señaló algo muy importante: “No nos olvidemos de los que siempre estuvieron con nosotros y de quienes se pintaron la carita con glitter para la foto”. Hay personajes como Patricia Bullrich, actual ministra de Seguridad, que en 2012 como diputada militaba por la incorporación del femicidio como agravante en el Código Penal y que hoy aplaude cada cosa que diga el presidente, se cargue a quien se cargue.

La asamblea del sábado fue un recordatorio para toda la dirigencia: nuestra lucha no es la oportunidad de una buena foto. Es la encarnación de la defensa del derecho a vivir, a amar y a ser en libertad. No se equivoca Susy Shock cuando dice que “no queremos ser más esta humanidad”; la historia y la falta de organización de algunos sectores supuestamente combativos y defensores de los trabajadores y las trabajadoras, nos unge con la responsabilidad vital de organizarnos para hacerle frente a una realidad impuesta por los más tristes y oscuros defensores de la “libertad”. Por más pelucas que agiten en foros económicos o en mítines derechistas, la comunidad LGBTIQ+ no se caracteriza por la entrega, sino todo lo contrario: somos la lucha hecha orgullo, la organización y la resistencia hecha movimiento.