Desde mediados de la década de 1990, la forma de producir en el agro argentino cambió hacia sistemas basados en la siembra directa y en los cultivos transgénicos. Este uso masivo y constante de productos para controlar malezas está acentuando la resistencia a los herbicidas.

Un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) registró 24 especies de malezas resistentes –principalmente al glifosato– en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. El trabajo, publicado en la revista científica Weed Research, también determinó que la rotación de cultivos y el uso alternado de distintos productos, son estrategias eficaces para enfrentar este problema.

Cuanto más intensiva es la producción, más casos de malezas resistentes se observan. Y el glifosato es por lejos, el producto que mayor resistencia presenta”, destacó Fernando Oreja, investigador de la FAUBA, actualmente en la Universidad de Oregon, Estados Unidos.

“La resistencia aparece cuando se busca controlar una maleza usando siempre herbicidas que actúen de forma similar”, explicó Julio Scursoni, docente de las cátedras de Producción Vegetal y Protección Vegetal de la FAUBA. “Con el tiempo, la proporción de individuos que sobreviven aumenta, al ir muriendo los susceptibles. Ya con un 30% de supervivencia estamos ante un posible caso de resistencia”, Entre las malezas más problemáticas figuran las del género Amaranthus. Son relevantes porque cubren superficies extensas y perjudican sobre todo a la soja y el maíz”, señaló el docente al portal de noticias Sobre la Tierra (SLT-FAUBA).

Si bien la resistencia a los herbicidas es un proceso natural, el uso intensivo de estos productos lo fue acelerando. “Parece un contrasentido, pero las plantas tienen determinados genes que les permiten sobrevivir a los herbicidas”, destacó por su parte Elba de la Fuente, docente de la cátedra de Cultivos Industriales de la misma Universidad. “Habitualmente, esos genes están en baja frecuencia dentro de la población, pero cuando se aplican herbicidas de manera reiterada, las plantas que tienen esos genes sobreviven y adquieren mayor capacidad de reproducirse que las que no los tienen. De este modo, las malezas que tienen resistencia al producto son las que prevalecen”, explicó.

La docente lideró un estudio llamado “Impacto de la intensificación y diversificación de las rotaciones en las malezas y el uso de agroquímicos” en el que participaron investigadores de la FAUBA y productores agrupados en la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID). Sus resultados muestran la importancia de promover la rotación de cultivos, alternando cereales, oleaginosas y pasturas en la rotación. “Estas son herramientas útiles para manejar las malezas y reducir la contaminación ambiental que generan los agroquímicos”, puntualizó.

Buenas prácticas

“El manejo integrado de malezas incluye realizar prácticas para mejorar la ventaja competitiva de los cultivos; por ejemplo, modificar la distancia entre surcos, la densidad o las fechas de siembra, o adoptar cultivos de cobertura para prevenir que las plantas resistentes produzcan semillas”, destacó Fernando Oreja.

La rotación de cultivos para controlar las malezas también trae beneficios económicos porque se gasta menos dinero en el control químico de malezas. Y, por otro lado, hay mayor estabilidad de los rendimientos de los cultivos, porque al diversificar las especies, la aparición de un brote epidémico de alguna enfermedad reduce su impacto a esa especie.

No obstante, uno de los factores que atenta contra la implementación de la rotación de cultivos es el alto porcentaje de arrendatarios entre los productores. “Un contratista toma un lote y no sabe si lo va a tener mucho tiempo, lo cual achica las posibilidades de implementar estrategias de manejo de largo plazo. Lamentablemente, se busca la rentabilidad inmediata y esto lleva a persistir con el monocultivo”, comentó Scursoni.

El docente e investigador destacó la importancia de continuar investigando alternativas más sostenibles para la agricultura argentina. Pero, a su vez, lamentó la falta de financiamiento y apoyo gubernamental. “Teníamos un proyecto adjudicado por la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación, pero no sabemos cuándo dispondremos de los fondos”, señaló.