El presidente Gabriel Boric arrancó su último año en la Casa de la Moneda, con un logro muy sensible para el espectro político y social de Chile. Deberá entregar el gobierno a su sucesor el 11 de marzo de 2026 y esta semana la cámara de diputados le sancionó favorablemente por 110 a 38 la anhelada reforma de pensiones. “Este es un logro colectivo de Chile”, anunció con júbilo el presidente
La promulgó el jueves pasado. “Crea un nuevo Seguro Social de carácter contributivo, mejora la Pensión Garantizada Universal, establece beneficios por años cotizados y una compensación por expectativa de vida de las mujeres. Con la reforma, las pensiones de 2.800.000 personas aumentarán entre un 14% y un 35%”, destaca el anuncio oficial.
¿Es la reforma anhelada por el progresismo chileno? De ningún modo. Pero todo el oficialismo la defiendo como la reforma posible, ante el cuestionamiento sobre la promesa no cumplida de eliminar las AFP. “No sólo perpetúa el sistema, sino que refuerza la lógica de la capitalización individual. Consolidando un modelo que prioriza las ganancias de los grandes grupos económicos”, argumentan. Boric contraataca: “Durante más de 10 años diferentes gobiernos estuvieron tramitando diferentes proyectos para tratar de mejorar las pensiones. Con mucho diálogo, trabajo y mucha porfía, logramos que se aprobara”.