“Es un espectáculo que habla del arte, pero a priori se puede reflejar cualquier persona”, define Gabriel Gavila a su obra Yo solo quiero actuar, quien, como si quisiera fundamentar en la práctica el deseo que manifiesta en el título, este mes pondrá en escena cuatro obras más. “Tiene mucho humor -completa acerca de ésta-, porque sino parece una performance medio de protesta, y si bien tiene un poco de eso, la pasás muy bien: son 45 minutos que se van dos patadas”. El “poco de eso” de la protesta es porque la obra se ocupa, precisamente, de todo lo que hoy tiene que hacer un artista independiente (Gavila se ocupa del teatro, pero vale para un sinfín de artes y oficios) para poder ganarse el mango conservando el placer de hacer lo que le gusta.

“Mi premisa cuando hago teatro es que todo tiene que ser genuino -puntualiza-. Temas que me interpelan, algo que te está atravesando en ese momento; lo original tiene que ver con eso, con que está vivo. Lo veo en escena y me emociona, como me pasó durante el estreno, viendo que me generaba las mismas cosas que cuando lo ideé y lo creé. No sé si a la gente le va a gustar, no sé qué le va a pasar, a mí me encanta. Puede sonar ególatra, pero hablo de lo que me gusta hablar”.

Y el título tiene de eso, como también un toque de cierto gremialismo: los trabajadores en general y los artistas en particular en estos tiempos se enfrentan a dificultades que exceden su oficio. Tal vez la ventaja de los artistas es que pueden ponerlo arriba de un escenario y al tiempo que hacen catarsis, se expresan y ganan el sustento. “Soy artista pulpo -ríe-, porque tengo que hacer como ochenta cosas para poder subirme al escenario. En un punto, uno dice: yo quiero actuar. Pero tenés que ser community manager, producir, buscar el vestuario, gestionar, que también es un poco de precarización laboral: un sistema medio macabro que exige hacer hacer 80 mil cosas para poder subirse al escenario. De esto también habla la obra.”

Actor, director, performer, dramaturgo y docente-investigador especializado en técnicas de improvisación teatral, Gavila es fundador de la hoy famosa Compañía Teatral IMPROVISA2, cuyos espectáculos y técnicas dieron la vuelta por varios países de Occidente. Además de otros cursos y especializaciones varias, Gavila llevó a escena la saga Chicos Lindos, Chicos Malos, Chicos Feos, que se convirtió en una trilogía de montajes de estructura performática. O sea, que temas de interés no le faltan.

Y esta obra que combina teatro, danza, música y performance tiene aunque su gran impacto en sus múltiples finales. “El espectáculo tiene diez finales distintos. Y los ves todos en cada función, no es que hay uno para cada función. De ahí, a todo lo que te puedas imaginar. Es como que los actores no están conformes con el final, mejor dicho, creen que el público no está conforme, entonces le dan diez finales distintos. Es algo totalmente atípico. Desde ese lugar para mí es experimental porque pruebo cosas en escena y la recepción del público es súper variada, súper diversa.”

Y es precisamente esa insatisfacción, por ponerle un rótulo, lo que desde hace tanto tiempo trabaja Gavila con sus talleres y espectáculos de improvisación. “Creo que la Argentina es un gran improvisador, por naturaleza nos entrenamos en la improvisación: tenemos herramientas para resolver. En la escuela de Impro tengo un montón de alumnos, gente de distintos lugares con distintos intereses, gente que viene por lo lúdico pero también que viene por herramientas. La improvisación tiene pautas que sirven para la vida, como aceptar el error y avanzar. No paralizarte, tratar de resolver. No hay una clase que no escuche: ‘a mí esto me sirve’. La impro tiene herramientas muy nobles: la escucha del otro, la aceptación del otro, combinar ideas.”

-Que son cosas que hoy no abundan.

-Claro. Estamos en una sociedad en la que todos están a las corridas, cada uno en su mundo, y la impro te propone un espacio en el que tenés que construir con el otro. Yo te largo al escenario y tenés un compañero y una disciplina muy despojada, sin un texto: sos vos con tu alma, tu creatividad y con el otro. Siempre largamos de cero, y al principio van al choque, porque cada uno quiere imponer su idea, por una cuestión de seguridad, ya que la propia idea da más seguridad que la del otro. Y es un tira y afloje hasta que se dan cuenta de que si laburan juntos es mejor. Lo único que tenés es al otro, entonces tenés que ir a abrazarlo, no a combatirlo. Y todas las ideas es posible combinarlas.”

Y Gavila lo demuestra con su actividad: los sábados va con Improvisa2 en La Mueca; el viernes estrena en Espacio Polonia la comedia Son gente, dirigida por Martín Salazar (integrante de Los Macocos), inspirada en su madre («otro espectáculo catártico: Mariana Cumbi Bustinza hace de su madre y yo, de la mía»); los sábados a la tarde va con Fútbol Mundo Estrella, otra comedia, en la que hace múltiples personajes; y los domingos, Yo solo quiero actuar, en La Sodería.




Yo sólo quiero actuar
Perfomance escrita y dirigida por Gabriel Gavila. Con Angie Saenz Briones, Micaela Luna, Javier Roldán, Nahuel Gordillo y Danny Gabriel Pérez. Domingos a las 20.30 en La Sodería, Vidal 2549.