Fue presentado por Daniel Filmus en razón de los serios problemas que afronta el sector. Una interpretación por parte de la AFIP de la ley que beneficia a otros rubros del mundo editorial con la quita del impuesto, dejó a las librerías aún más desamparadas frente a la crisis.
El objetivo que persigue este proyecto de ley es equiparar al sector con el resto de la cadena de producción del libro. “La actividad librera atraviesa serias dificultades y su subsistencia está en riesgo como consecuencia de las políticas de ajuste, la apertura indiscriminada de importaciones, la caída del consumo y el descontrolado aumento de las tarifas de servicios públicos”, afirmó Filmus.
Si bien la Ley de Presupuesto Nacional para el año 2019 introdujo una modificación para la aplicación del IVA en el sector editorial, la posterior interpretación de la AFIP hizo que las librerías quedaran fuera del beneficio, aunque su situación es tan crítica como la del resto del sector editorial. La interpretación de la AFIP se basó en que en esa ley no había una referencia expresa a la “comercialización minorista” de libros.
Filmus destacó el rol de las librerías en la difusión de la cultura: “Su rol –dijo- es fundamental para promocionar y asegurar el derecho a la lectura de todos y todas quienes habitan nuestro país, ya que forma parte del entramado cultural de cada comunidad. Por el principio constitucional de igualdad, los libreros deben ser tratados tributariamente del mismo modo que quienes los anteceden en la cadena de producción, ya que el IVA de las etapas que preceden a la llegada del libro al lector incrementa los costos finales. La subsistencia de la librería como nexo entre la cultura y los lectores no puede verse afectada por un tributo que actualmente afecta únicamente a este eslabón de la cadena de comercialización”.
Datos y testimonios de personas relacionadas con el mundo del libro coinciden en la gravedad del mundo editorial en general y de las librerías en particular.
Juan Manuel Pampín forma parte de Corregidor, una editorial argentina de larga trayectoria que tiene su propia librería, y es el actual vicepresidente de la Cámara Argentina del Libro (CAL). En diálogo con Tiempo Argentino, esbozó la forma particular en que la crisis económica general y la no exención del IVA afecta a las librerías. “Son el eslabón más débil de la cadena de comercialización del libro –dice- y en este momento se encuentran en una situación muy compleja por la caía de las ventas, el aumento de los servicios y demás. Pero en su caso particular se suma que las librerías no pueden aumentar los precios, porque en la Argentina están determinados por la Ley de precio fijo y los establecen las editoriales. De modo que en esto momento se encuentran en medio de un combo explosivo. En las librerías más grandes de cadena como Yenny y El Ateneo y la librería más chiquita de Jujuy el precio del libro es el mismo y eso es bueno, pero en este momento de crisis eso coloca a las más chicas en una situación compleja. A esto se suma el aumento de los servicios. Las librerías tienen que tener locales muy bien iluminados para que la gente pueda leer bien lo que se ofrece. Además, tienen que ser amplios porque debe tener un lugar para depósito de libros. Al lado de lo que se ve hay otro espacio similar donde se guardan los libros y el agua se paga en función de los metros de los locales.”
Respecto del tema específico del IVA, agrega: “Las editoriales y librerías venían pagando el IVA como consumidor final sin posibilidad de discriminarlo. En otro tiempo era posible recuperar el pago a cuenta del IVA como ganancia, pero este beneficio se quitó a partir de la Ley de Emergencia Económica. Hace un tiempo, el beneficio se restituyó para editores y distribuidores, pero no para libreros, es decir, para ventas por menor. La razón tiene que ver con una cuestión de interpretación, un tema de comas mal puestas. La Cámara Argentina de Papelerías, Librerías y Afines (CAPLA), la Cámara de Librerías, Papelería y Afines del Centro de la República (CLIPACER) y las cámaras relacionadas con el libro vienen intentando hacer una modificación a la ley de forma de que queden contempladas, porque la interpretación de la AFIP dejó en desventaja todo lo que tiene que ver con el rubro librerías. De aprobarse la ley que presentó Filmus, sería algo beneficioso.”
La profunda crisis que vive el sector, tanto en la producción como en las ventas, ya lo había anticipado en la inauguración de la Feria del Libro 2019 María Teresa Carbano, presidente de la Fundación El Libro. Si se comparan las cifras de producción de libros de 2016 con las del primer trimestre de 2019, la caída es del 50 por ciento. Respecto de las ventas, si se compara el primer trimestre de 2018 con el primero de 2019 cayeron un 12 por ciento. “Y lo dramático –dijo es que la caída no se detiene. Buenos Aires es una ciudad de librerías; la Argentina también lo es, con un número que ronda las 1.200. Su situación, especialmente la de las pequeñas e independientes, se vuelve grave. La baja de las ventas, el aumento de los alquileres, el alto costo de los servicios las está empujando al cierre, cosa que ya comenzó. Necesitamos que se implementen tarifas preferenciales para las librerías en los servicios y tributos”.
Entre 2013 y 2019, el consumo de libros per capita cayó a la mitad: de 3 a 1,5, según Información Cultural de la Argentina refiriéndose al primer trimestre de este año, pero la situación se agrava día a día.
En lo que respecta específicamente a las librerías de la ciudad de Buenos Aires, según consta en la información de prensa emitida por los responsables de la ley presentada ante el Congreso, de las 467 librerías que había a fines del 2015, un 15 por ciento tuvo que cerrar sus puertas en los últimos dos años o está en serio riesgo de cerrar. En dicha información se consigna, que el último relevamiento de la Cámara Argentina del Libro (CAL) revela que, desde el 1° de enero de 2016 a la fecha, en el país dejaron de funcionar por lo menos 35 pequeñas librerías, 30 cerraron sucursales, fueron absorbidas por cadenas o debieron reducir sus espacios.
Por supuesto, esto tuvo un impacto directo en el empleo del sector. Según el mismo relevamiento, sólo en librerías el personal ha caído un 15 por ciento desde 2016 y la Federación Argentina de Industrias Graficas y Afines (FAIGA) ya ha denunciado la pérdida de más de 5.000 puestos de trabajo en el rubro.
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