Por Shila Vilker, licenciada en Comunicación
La representación de Awada como una acompañante sentimental del presidente pareciera corresponderse a la lógica de la «vuelta a la normalidad», con la que cierto sector del periodismo y la sociedad, particularmente conservador, celebró la llegada de Cambiemos al poder. ¡Al fin un presidente hombre con una mujer normal, que lo acompaña, que es buena madre, buena esposa, bonita, con vocaciones humanitarias, pero que no se mete en la política! La aparente inocencia de esos discursos alberga una cosmovisión sobre qué es ser mujer y qué tipo de relación con el poder es esperable de esa condición. Y para decirlo sin vueltas complicadas (especialmente hoy día, que podemos ver a la primera gobernadora de la provincia de Buenos Aires, lo cual es totalmente celebrable), atrasa un montón.
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