La votación definirá si se mantiene el actual primer ministro Yair Lapid o regresa el histórico lider conservador Benjamin Netanyahu.
Los colegios electorales abrieron a las 7 (las 2 en la Argentina) en todo el país y cerrarán a las 22 (las 17), momento en el que se publicarán los sondeos de boca de urna, seguidos de los primeros resultados oficiales que pueden tener al país en vilo hasta pasado mañana, cuando se prevé el final del recuento de unos comicios muy ajustados.
Aunque los 6,8 millones de electores inscritos disponen de unas 40 listas para elegir, la decisión se reduce principalmente a dos bandos: el favorable a un regreso de Netanyahu, juzgado por corrupción, o el partidario de mantener a la joven y contradictoria coalición liderada por Lapid.
Netanyahu, de 73 años, está empeñado en alcanzar una mayoría de 61 diputados sobre 120 con sus aliados ultraortodoxos y de extrema derecha, que puede subir a tercera fuerza.
Por su parte, Lapid (58), primer ministro desde julio, quiere convencer a los electores de mantener el rumbo de los últimos meses con su coalición formada por partidos de izquierda, centro, derecha y árabes, reseñó la agencia de noticias AFP.
Lapid hizo un llamado a la ciudadanía a votar «por el futuro del país», al ejercer su derecho esta mañana en un colegio de Tel Aviv, después de visitar la tumba de su padre, que también ocupó puestos de responsabilidad en el Gobierno.
Netanyahu también llamó a los israelíes a salir a votar en unos comicios donde la participación puede ser un factor determinante. «Es un gran privilegio, salgan y voten», urgió en Jerusalén, acompañado por su mujer, informaron medios locales y la agencia de noticias Europa Press.
También reivindicó sus opciones de ser primer ministro el actual responsable de Defensa, Benny Gantz, pese a que los sondeos otorgan a su agrupación, Unidad Nacional, apenas 10 escaños. «Estas elecciones no van de un gran partido, sino del partido que pueda combatir mejor la incitación, la división», proclamó Gantz, quien puede ser determinante para el futuro político de Israel en caso de apoyar a Lapid.
De la misma manera, la ultraderechista Itamar Ben Gvir, que llevó a su Sionismo Religioso hasta el tercer lugar en intención de voto, presenta credenciales de quien podría empujar a Netanyahu a lograr su vuelta al poder, en ese caso para reclamarle que ejerza «un gobierno totalmente de derechas».
Al margen de la disputa política permanece el presidente Isaac Herzog, que al participar en las elecciones reivindicó el «privilegio» que supone un proceso «libre, limpio e igualitario».
Las autoridades habilitaron más de 100.000 colegios electorales para esta jornada, en la que se repartirán los 120 escaños que forman la Knesset (Parlamento).
Aunque la campaña empezó lentamente, se aceleró en las últimas jornadas con los partidos dándolo todo para convencer a los indecisos y movilizar a sus bases, especialmente en las localidades árabes.
En 2020, los partidos árabes israelíes consiguieron un resultado récord de 15 escaños tras una campaña dinámica bajo una sola lista. Pero esta vez se presentan dispersos en tres candidaturas: Raam (islamista moderado), Hadash-Taal (laico) y Balad (nacionalista).
En el sistema proporcional de Israel, las listas electorales deben obtener al menos 3,25% de los votos para acceder al Parlamento con un mínimo de cuatro escaños. Por debajo de este umbral, los partidos se quedan sin representatividad.
La división de los partidos árabes los pone en riesgo de no alcanzar este mínimo y favorecer la victoria de Netanyahu y sus aliados.
«Sin nosotros, la derecha formará un gobierno mayoritario. Para frenarlos, los necesitamos», dijo en la recta final de campaña Ahmed Tibi, uno de los dirigentes de la lista Hadash-Taal.
La votación ocurre en un contexto de tensión en Cisjordania ocupada, con dos ataques recientes de palestinos, entre ellos uno que mató a un civil israelí el sábado en Hebrón (sur), una ciudad foco de tensiones con colonos israelíes en su interior y sus alrededores.
Tras una serie de ataques antiisraelíes en primavera, el ejército realizó más de 2.000 operaciones en Cisjordania, un territorio palestino ocupado desde 1967.
Estas operaciones, concentradas especialmente en Yenín y Naplusa (norte), estuvieron acompañadas habitualmente de disturbios y causaron más de 120 muertos del lado palestino, el peor balance en siete años, recordó AFP.
«Sabemos que estas elecciones no aportarán un compañero para la paz y, a pesar de esto, decimos a la comunidad internacional que debe exigir al próximo primer ministro israelí que se comprometa a poner fin a la ocupación y al conflicto», declaró ayer el primer ministro palestino, Mohamed Shtayyeh.
El Ejército israelí cerró hoy los puntos de acceso a Cisjordania y la Franja de Gaza, salvo para urgencias «humanitarias».
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