La crisis en el sector se profundizó desde que el gobierno desmanteló el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). Los productores apenas perciben entre 5% y 7% del precio de venta final, pero los gigantes exportadores aumentaron sus despachos al exterior.
Durante los meses de verano, la actividad transita lo que se llama «zafriña» donde ingresa poca yerba verde a los secaderos. La cosecha gruesa, donde se mueven mayores volúmenes, va de abril a septiembre.
Esta crisis se remonta a fines de 2023, cuando el DNU 70/2023 que impulsó el gobierno de Javier Milei le quitó al Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) la facultad de fijar los precios de referencia para la hoja verde y la yerba canchada (seca, sin molienda) dos veces al año.
La Justicia frenó el decreto en 2024 tras el amparo de los yerbateros y del gobierno de Misiones, pero el Ejecutivo nacional mantiene acéfala la presidencia del INYM, lo cual le impide convocar a las sesiones donde se discuten los precios.
El desmantelamiento de este organismo, que había sido creado en 2002, “implica un freno al desarrollo del sector, que está nuevamente a merced de los ciclos de sobreproducción, precios por debajo del costo y la pérdida de sustentabilidad de toda la cadena”, denuncian desde la Mesa Agroalimentaria Argentina.
La zafra yerbatera había arrancado en 2024 con un precio inicial de 400 pesos por kilo de hoja verde para productores que venden su yerba a las cooperativas. Sin embargo, grandes empresas comenzaron a importar yerba desde Paraguay y Brasil, lo que llevó a una drástica caída en los precios locales. «Empezaron pagando 350 pesos y terminaron en 150, mientras nosotros sosteníamos el precio en 400», comentó a Tiempo Rural Carlos Biechteler, presidente de la Cooperativa Agropecuaria El Colono, que produce la yerba Grapa Milenaria.
Lo que sucedió es que las cooperativas y empresas que decidieron mantener el precio a los productores recibieron más yerba y se sobre-estockearon. Esto provocó una caída de la demanda durante la zafriña, sumada al derrumbe de precios, por lo que los pequeños productores y tareferos optaron por suspender la cosecha, a costa de dejar de percibir ingresos.
En diciembre, pequeños y medianos productores yerbateros iniciaron cortes de ruta y medidas de protesta pidiendo una actualización de los precios de la hoja verde y canchada.
Luego de varias semanas de protestas y cortes, productores autoconvocados firmaron con el ministerio del Agro y Producción de Misiones, un acuerdo por “un precio justo sugerido del kilo de hoja verde a 450 pesos por kilo”.
Tras la reunión, los productores suspendieron las medidas. Pero se mantuvieron en alerta y ante el incumplimiento del precio mínimo por parte de las grandes empresas, a partir de febrero volvieron a las rutas, con la consigna de impedir la entrega de yerba a la industria por debajo de su costo de producción.
Argentina es el primer productor mundial de yerba mate y segundo exportador después de Brasil, con una producción anual que supera las 275.000 toneladas destinadas al mercado interno y 40.000 toneladas anuales para exportación, según el INYM.
Solo diez marcas (cinco pertenecientes a empresas y cinco a cooperativas) concentran el 80% de la producción y comercialización de yerba. La desregulación del mercado impuesta por el DNU 70/2023 impactó directamente en la actividad y la vida de 15 mil tareferos, 12 mil productores, 200 secaderos y 49 cooperativas con miles de asociados y sus familias.
Para producir un kilo de yerba seca, se necesitan tres kilos de hoja verde, un proceso que es mano de obra intensivo y se hace en condiciones extremas, ya que la temperatura de secado de la yerba ronda los 100 grados centígrados. Sin embargo, los precios que se pagan a productores y trabajadores no reflejan ese esfuerzo ni los costos involucrados.
Actualmente, los productores apenas perciben entre 5% y 7% del precio final de un paquete de yerba. Además, los pagos se realizan a 120 días, una situación que asfixia la economía de las familias rurales.
En el otro extremo de la cadena, los consumidores abonan hoy entre $ 4.500 y $ 6.500 por kilo de yerba, lo que llevó a una merma en el consumo de esta infusión en el país.
Entre enero y septiembre de 2024 los argentinos consumieron 193.400 toneladas de yerba mate, contra las 211.913 de igual período del año anterior, lo que representó una caída del 9,5%, según el INYM.
Como contracara de este fenómeno, las ventas al exterior (en manos de las principales 10 compañías que también manejan el mercado interno) tuvieron un repunte de 2.678 toneladas kilos respecto de 2023, casi 9%.
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