Un estudio de la Fundación Huésped y la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA) apuntó a echar luz sobre un colectivo que aún permanece bastante invisibilizado: el de las masculinidades trans e identidades no binaries. Los resultados evidenciaron la necesidad de generar políticas públicas específicas para un sector en el que el 80% de las personas consultadas padeció acoso escolar, el 60% sufrió algún tipo de abuso sexual y el 70% relegó consultas médicas por temor a sufrir discriminación.
“Hay menos información sobre este colectivo en general. Ha habido más sobre feminidades trans que sobre masculinidades y no binaries. Creo que tiene que ver con cómo se han dado las luchas: fueron más visibles las feminidades. En algún punto se replica lo que pasó en su momento con las personas gays: primero emergieron los hombres homosexuales y después las lesbianas. Tiene que ver justamente con el género”, analizó Inés Aristegui, Coordinadora de Investigación Social y Participación Comunitaria de Fundación Huésped e investigadora principal del estudio “Estado de salud y factores asociados en masculinidades trans y personas no binaries de Argentina (ESTHAR)”, del que participaron 415 masculinidades trans e identidades no binaries residentes del Área Metropolitana de Buenos Aires (59%) y del Interior de Argentina (41%).
El relevamiento expuso que el 66% de los participantes vivió situaciones de discriminación o un trato negativo relacionado con su identidad de género en los servicios de salud. “En términos de condiciones sociales y necesidades básicas (cobertura médica, nivel educativo, vivienda estable), el grupo de masculinidades lo veíamos en mejores condiciones (en comparación con el de feminidades trans). Sin embargo, las experiencias de discriminación y acoso son altas. Y esto tiene un efecto muy negativo en la salud de las personas. Además, evitar ir al sistema de salud para evadir episodios discriminatorios (algo que señaló el 70% de las personas encuestadas) posteriormente tiene consecuencias negativas sobre la salud”.
Por otra parte, el 53,5% de los participantes indicó que abandonó su hogar en la adolescencia. Y el 33,7% dejó la escuela en esa etapa. Casi el 60% indicó que sufrió violencia familiar y el 58% por parte de alguna pareja. Además, 6 de cada 10 sufrieron alguna experiencia de abuso sexual alguna vez en su vida. De estos, casi la mitad (48%) durante la niñez, el 42,4% en la adolescencia y el 11,6% en la adultez. Y el 58% reportó haber tenido al menos un intento de suicidio.
“En áreas de salud mental, uno está acostumbrado a ver la violencia ensañada con feminidades trans, pero masculinidades y no binaries también están sufriendo, tal vez de otra forma. Hay que atender eso, hacer las preguntas indicadas, trabajar con pediatras y colegios, desde la ESI. Estamos haciendo encuestas sobre población adulta, pero los intentos de suicidio ocurren en la adolescencia, el acoso escolar en la adolescencia o la niñez. Estamos perdiendo la posibilidad de llegar en ese momento, cuando se pueden hacer cosas más preventivas. Hay que trabajar en etapas tempranas”, remarcó Aristegui como una de las conclusiones del estudio.
La encuesta relevó también que “el uso de protección y la práctica de conductas preventivas en las relaciones sexuales no fueron mayoritarios en esta muestra de participantes”. El estudio advirtió que “esta población exhibe una exposición incrementada a adquirir VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS) y que esta exposición parecería ser subestimada por la misma población”.
“En términos de prevención tiene que haber programas específicos. Por ejemplo, en todo lo que es infecciones de transmisión sexual (ITS), pensar qué campañas hay que trabajar con la comunidad para entender cómo llegar mejor. Sobre HPV (Virus del Papiloma Humano), si necesito controles, pero no incluyo una cara de masculinidad trans en la campaña, la comunidad no se siente interpelada”, señaló Aristegui. La necesidad de políticas públicas específicas para esta comunidad, y elaboradas en conjunto con ella, forman parte de las claves que dejó el relevamiento, uno de los primeros realizados en el país sobre la situación de masculinidades trans e identidades no binaries. Formar profesionales e incrementar la oferta de servicios de salud mental transafirmativos también están entre las recomendaciones que surgieron del estudio.
“El enorme aprendizaje también es la importancia de incluir a la comunidad para entender cómo trabajar. Porque pueden faltar programas y medidas, pero si no se piensa con la comunidad misma es muy difícil llegar, hay una especificidad que se pierde”, destacó la psicóloga e investigadora. En este caso, fue la propia comunidad de masculinidades trans y no binaries la que trabajó en el armado de los cuestionarios y el análisis de las respuestas.