El autor de Nadar de noche, entre otros textos, falleció tras sufrir un infarto en su casa de Mar de las Pampas.
Escritor, traductor, editor, fundador del Suplemento Radar, columnista de Página/12 y actualmente director de la colección Rara Avis de editorial Tusquets, Forn se convirtió en un nombre insoslayable de la literatura argentina con su novela «Corazones cautivos más arriba» (1987), aunque su consagración llegó cuatro años más tarde con la antología de relatos «Nadar de noche».
Hijo de una familia acomodada, había nacido el 5 de noviembre de 1959, en Buenos Aires. De niño veraneaba con sus padres y su familia en La Cumbre, Córdoba. Alguna vez contó que fue un niño retraído, que leía cómics todo el día, y que su madre era muy sobreprotectora con él.
En los 90, Forn se convirtió junto a Rodrigo Fresán en emblema de una nueva generación que vino a romper con los estereotipos asociados a lo que «debía ser» el escritor en la Argentina. Mientras alternaba su labor entre la edición y la escritura, se dedicó a renovar también las narrativas de las editoriales Emecé y Planeta, a la vez que se destacaba con novelas propias como «Frivolidad» y «Puras mentiras» e iba elaborando el material de uno de sus grandes libros de la década siguiente: «María Domecq».
También estuvo a cargo de una de las colecciones más emblemáticas de la argentina (Biblioteca del sur, en Planeta) y fue responsable de la creación del suplemento Radar, que marcó un antes y un después en la forma de considerar el periodismo cultural en la Argentina.
Su trabajo allí fue intenso pero duró seis años. Decidió cambiar de vida cuando después de una velada de encuentro con sus amigos -la mayoría integrantes del universo del rock- tuvieron que internarlo y permaneció unas horas en coma.
Luego de ese episodio, del que transcurrieron más de 15 años, decidió dejar de vivir en la ciudad de Buenos Aires por recomendación médica. Con su mujer e hija de dos años decidió instalarse en Villa Gesell, donde residía hasta la actualidad. Hace un tiempo decidió donar dos mil ejemplares de su colección personal de libros para la Biblioteca Popular de esa localidad y quedarse solo con los de sus escritores favoritos, o los que pensaba releer.
Poco después, en la biblioteca Rafael Obligado le ofrecieron un espacio para brindar las charlas que después se convertirían en notas para Radar y, más adelante, en las contratapas sobre historias de autores o personalidades del Siglo XX que Página/12 publicó cada viernes durante ocho años.
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